El otro día en una sesión de coaching un cliente me hizo reflexionar sobre algo extremamente cierto y verdadero.

Seguramente no te voy a contar nada nuevo, pero hoy quiero profundizar sobre la importancia de lo que vivimos en la infancia y cómo esto influye en lo que somos al hacernos adultos.

El señor me contaba que, después de haber hecho un análisis de su vida y de su comportamiento con su familia y sus seres queridos, se había dado cuenta de que iba repitiendo patrones.

Sólo ahora y por primera vez había, con gran sorpresa, notado que el comportamiento a sus cincuenta años era un reflejo de lo que siempre había hecho de pequeño.

Estaba sorprendido, incrédulo sobre todo porque no había sido un descubrimiento suyo natural, sino más bien había sido invitado a la reflexión por parte de un coach.

¿Cómo puede ser que después de tantos años, tantas experiencias y vida vivida seguimos repitiendo los mismos patrones?

Voy a intentar explicarte algo muy curioso e interesante. Todo lo que vivimos en la infancia se queda grabado en nuestro subconsciente. La mente consciente todavía no se ha formado.

De pequeños no tenemos filtros y vamos asimilando todo lo que vivimos de forma literal, desde lo que vemos alrededor de nuestra familia, de las personas que nos rodean, del tipo de sociedad en que vivimos, de los mensajes que nos transmiten todos los que interactúan con nosotros.

Somos como esponjas y retenemos todo.

Varios estudios demuestran que nuestro cerebro se forma y acaba de desarrollarse a los 7 años, es solo allí que ya tendremos formado nuestros patrimonios de conductas, creencias, valores, nuestra personalidad que nos acompañará hasta la edad adulta.

Me gusta definir la infancia como la caja negra de la memoria.

¿Y qué es lo que hacemos?

Tendemos a reproducir los modelos económicos, de salud, de conducta y de pareja de nuestros padres, o en el caso de rechazo de esos modelos iremos a los otros extremos acompañados de importantes creencias limitantes que un día u otro afloraran con prepotencia.

Freud ya lo denominaba como “compulsiones de repetición” y se refería al impulso de los seres humanos a repetir actos, pensamientos, sueños, juegos, escenas o situaciones desagradables o incluso dolorosas. Por ejemplo, es posible que la hija de un matrimonio de alcohólicos que ha sido maltratada psicológicamente o físicamente en su infancia, tenga muchas posibilidades de acabar con una pareja alcohólica y a lo mejor ella también maltratará a sus hijos. ¿Qué te parece? Increíble pero cierto.

A parte de las repeticiones de modelos, hay otros estudios que confirman que también tenemos una herencia emocional. Podemos arrastrar una herencia emocional hasta 4 generaciones. Si nuestros familiares antepasados habían experimentado emociones que no fueron liberadas, como miedo, dolor, sufrimiento, ansiedad, tristeza, estas mismas se transmitirán a las siguientes generaciones hasta que alguien logre darse cuenta y cortar el patrón liberándose de las mismas.

Y allí viene el motivo que me impulsó a escribir este artículo. Muchas personas, un día u otro llegarán en el momento en que tomen conciencia de sus patrones y quizás los quieran cambiar.

Hay veces que no será algo fácil porque están tan radicalizados en nosotros que es difícil hasta darse cuenta. En estos casos es aconsejable pedir ayuda profesional.

Habrá otras personas que nunca lo harán, vivirán con el piloto automático puesto. Sin preguntarse y cuestionarse, sin llegar a conocerse, sin saber lo que quieren de la vida.

Sin embargo, en el caso de que nos cuestionemos tendremos la oportunidad de ratificar y sustituir lo que queremos sustituir.

Pregúntate a ti mismo cuáles son las emociones qué sientes, los sentimientos, qué es lo que tu cuerpo te dice. De allí tendrás la información que necesitas y las indicaciones precisas de la dirección en la que vas. Después de esto ya podrás pensar cuáles son las acciones que harás para cambiarlos.

El autoconocimiento es un proceso obligatorio en la búsqueda de tu FELICIDAD y tu BIENESTAR EMOCIONAL.

Recuerda que tu mente está preparada para cualquier cambio. Todo se puede cambiar, eso sí, sólo cuando te des cuenta de lo QUE HAY QUE CAMBIAR.

Para terminar mi reflexión de hoy, vuelvo a mi cliente que a los 50 años ha decidido cambiar su patrón, ha decidido hacer algo distinto de lo que había hecho siempre para lograr ser más feliz y vivir según lo que el realmente quiere. Si él ha podido TÚ TAMBIÉN PUEDES.

Si te ha gustado el artículo, déjame un comentario y si crees que puede ayudar a alguien compártelo.

 

 

 

 

 

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