Lo que os voy a facilitar hoy no es una receta de cocina, como podríais deducir por la foto, sino una potente técnica para comunicarse con efectividad y que sirve para mejorar las relaciones interpersonales.

La comunicación es fundamental para establecer buenas relaciones humanas, y se revela eficaz cuando el receptor entiende el mensaje que queremos transmitir.

Cuando nos comunicamos con los demás influyen muchos factores, como por ejemplo lo que queremos decir (el mensaje), en qué contexto lo decimos y qué canal utilizamos (cara a cara, por WhatsApp, e-mail…).

Es importante tener en cuenta también las diferencias culturales, los métodos de comunicación y las percepciones de cada persona. Seguramente, como a mí misma, a vosotros os habrá pasado el querer transmitir un mensaje constructivo y obtener un resultado o una reacción que no imaginabais y menos deseabais. Por esta razón hoy os quiero hablar de una herramienta que podéis utilizar para lograr transmitir vuestra opinión, pensamientos, o críticas constructivas del modo más acertado, para lograr relaciones armónicas y satisfactorias.

El objetivo es hacer llegar un mensaje claro y concreto para que la persona con la que estéis hablando lo asimile positivamente.

Es la técnica del FEEDBACK SANDWICH, y es muy recomendable en cualquier ámbito: social, profesional, en las relaciones de parejas o familiares. Ponedlo en práctica cuando querías dar una retroalimentación positiva, para ayudar a los demás a mejorar algunas cosas en concreto.

Perfecto, ¿Y cuál es la receta? ¿Cómo se da un feedback sándwich?

Es sencillo, pensemos en el sándwich y en sus tres capas. Empezaremos con:

PRIMERA CAPA: comentamos a nuestro interlocutor los aspectos positivos de su acción.

SEGUNDA CAPA: en el medio va el comentario sobre la mejora que puede aportar.

TERCERA CAPA: acabamos con otro comentario positivo.

Entre una capa y otra es necesario no utilizar el PERO porque siempre  implica una crítica; podemos simplemente unir las 3 capas con un  Y o SIN EMBARGO o AÚN.

Os pongo un ejemplo muy simple (relación madre/hijo):

David, te agradezco mucho los esfuerzos que estás haciendo para ayudarme en las tareas domésticas, se nota tu interés y tu buena disposición, SIN EMBARGO creo que sería de gran ayuda si pudieras aplicarlo a diario y así no tener que hacer todas las tareas concentradas en pocos días. Te animo a que sigas con esta actitud, estoy orgullosa de ti.

¿Ahora creéis que David se va a sentir atacado por el comentario o aceptará mucho mejor vuestra sugerencia?

¿Podéis ver la diferencia que una retroalimentación así puede tener?

¡Os animo a aplicarla y ver cuáles son los resultados!

Si os ha gustado el artículo, dejadme un comentario, y si creéis que puede ayudar a alguien que conocéis, compartidlo.

 

 

 

 

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